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sábado, 8 de octubre de 2016

EL CAMINO DE LA VÍA


Extrañas sensaciones se me disparan cuando camino por las viejas, fosilizadas vías del ferrocarril, entre matas de hierba y viejos senderos de pedregón. A sus costados delicados y humildes jardines separados por alambre entretejido y arboles añosos dibujan las laderas de este viejo paseo diagonal que desemboca en los albores de la vieja estación de trenes de Mar del Plata.
Área poco transitada, ajena al nervioso y acelerado paso de los transeúntes y sus problemas cotidianos,  ajena a sus bocinas de cacharro concebidas por el demonio, ajena a la anodina vorágine social que trata de borrarnos la memoria, este pequeño trayecto es un espacio de reflexión.
 Viejas obras en construcción alternan con desiguales pastizales y áreas de basural que exudan una extraña fetidez a medida que vamos pasando los viejos puestos de guardabarrera. Paredes de sucia blancura  dejan su testimonio a través de creativos grafitis.
Pero mejor de todo es ese silencio, un silencio que grita por debajo, pero un silencio al fin…
Ese silencio...

Silencio






sábado, 8 de enero de 2011

EL CÍRCULO DE LA DEPRESIÓN


Uno de esos días… Una depresión terrible, de esas que calan hondo. Suena el teléfono. Es mi primo. Le comento acerca de mi estado y que será difícil deshacerme del bajón. Me sugiere un viaje pendiente a Santa Clara del Mar, lugar que guardamos en el afecto desde hace un tiempo. La idea no está mal. Es difícil deshacerse de una depresión, la opción inmediata es “cerrar el círculo”. Al rato estamos en la ruta y es el primer paso de "nuestro plan".
El viento golpea la cara. Se siente bien. El viento en velocidad en la ruta. Allá en la lejanía nubes plomizas en ciernes sobre nuestro destino. Los ecos desesperados, las notas agónicas de ese pueblo condenado a permanecer. Sus parajes desolados, las playas vacías y las huellas amargas en la boca de esa increíble cerveza artesanal, a mi parecer, la mejor que se fábrica por estos pagos.
Todo va cerrando. Ya en Santa Clara, en el parador a metros de la playa nos esperan dos stouts frías, sumamente necesarias para poner el clima adecuado a nuestro merodeo por la costa. Estas notas amargas, tan imprescindibles en una buena cerveza, marcaran el pulso del viaje y el matiz del encuentro.
Tal como lo había imaginado, una playa totalmente calma, un cielo plomizo dibujando suavemente las formas. El mar en calma. Desolación total. Sólo algunos  perros; enfermos los pobres, caminando de costado; como gárgolas. Uno de los tantos pretextos para estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado. Una tarde que transcurrió en la quietud, en la contemplación, en las huellas de un silencio casi doliente, con las notas amargas de la stout y la red del Corsario. Habíamos cerrado el “círculo de la depresión”.
Ya de vuelta en casa, satisfecho, me recosté y me quedé plácidamente dormido. Soñé con un perro que deambulaba, en una playa vacía, quebrando todo su cuerpo al caminar en alaridos de dolor...